Tierra de Gamers

Análisis de TUNIC, ¿la joya indie del año?

Valoración

Positivo

Negativo

Con algo de retraso, he podido echar el guante a este TUNIC. Había tenido noticias del juego en el momento de su lanzamiento pero por esas cosas de la acumulación, no pude jugarlo. Aprovechando la calma veraniega, he tenido oportunidad de probarlo y tengo que decir que ha superado mis expectativas.

No juzgues el libro por la portada

Pese a tener alguna referencia previa, cuando comencé a jugar a TUNIC, lo primero que encontré es un juego que recuerda mucho a los Zeldas clásicos, quizás un poco más evolucionado por su vista isométrica. Pero, en cualquier caso, da la sensación de “juego simple”, de aquellos de antaño en los que el objetivo era ir pasando pantallas con la excusa de encontrar alguna princesa o similar, y poco más… Pero no cuesta mucho comenzar a entender que la primera impresión no siempre es la buena.

¡Aviso de spoilers! Aunque voy a tratar de no destripar el juego, puede ser que para explicar alguna cosa deba hacer pequeños spoilers, no de la aventura en sí, pero de cómo se desarrolla el juego.

No llega a más de una hora de haber recorrido fácilmente el mapa inicial y en el trayecto empezamos a entender por qué este Tunic es distinto. Lo que más llama la atención es que la información que se proporciona al jugador es MUY escasa. Es más, casi todos los mensajes que nos aparecen en pantalla están en una escritura críptica ininteligible para nosotros. Yo inicialmente pensé que seguramente a lo largo de la aventura encontraría algo que me permitiera entenderlos… pero no es así. Toda la información que vas a conseguir del juego son unas páginas de una especie de manual que deberás ir recolectando por los niveles. Al principio te parecerán que son de poca utilidad. Error. Estas páginas serán la clave del juego puesto que, aunque esten en el mismo lenguaje críptico que el resto de mensajes, tienen la información suficiente para que al menos imagines lo que hay que hacer. Incluso algunas son mapas detallados de las zonas, descubriendo incluso, si las observas bien, zonas ocultas del mapa.

A través de la interpretación meticulosa de estas páginas puedes ir descubriendo la mayoría de las mecánicas del juego. No voy a entrar en detalle, pero para mi, este es uno de los grandes alicientes del juego. Miyazaki, en sus juegos tipo Souls hace algo similar. No cuenta la historia, si no que te va dando retazos parciales que hay que saber interpretar. Tunic está diseñado en este sentido, e incluso lo lleva más lejos aun. Todo en el juego, desde el interfaz, los objetivos, los secretos, hay que investigarlo. Realmente no es difícil, pero hasta que te das cuenta, pasas por una pequeña confusión, incluso atasco mental, sin saber muy bien que hacer en el juego. Una vez rompes esa barrera y descubres la importancia de las páginas del “manual”, el juego cobra una nueva dimensión.

Qué más ofrece Tunic

Una vez que descubres la importancia de las páginas del manual y de su correcta interpretación, se abre un mundo de posibilidades. Pero esto no quiere decir que desde este punto sea un camino de rosas, aun hay más retos que superar.

El juego está estructurado en zonas de distintos biomas y dificultad. Lógicamente, se puede progresar en cada uno de ellos a medida que se van completando los anteriores. Aunque, es factible que te encuentres en algún momento con zonas demasiado avanzadas. Fundamental el ser capaces de desandar los pasos y ver qué se nos ha escapado y no desesperar. En este sentido, creo que Tunic es un juego inteligente. De esos que exigen algo al jugador, no solo pasar pantallas, matar enemigos. Hay que ser conscientes en cada momento de qué cuál es nuestro siguiente paso en la aventura. Si no está claro es que, o no has completado algo o es que no estas interpretando correctamente la información que tenemos.

A nivel de dificultad, no creo que superar Tunic sea un reto para la gran mayoría de los jugadores. Los biomas tienen sus enemigos típicos y, una vez les coges la mecánica, no deben suponer ningún esfuerzo avanzar. Tampoco los boses finales de cada zona deberían suponer un problema. Yo únicamente lo pasé mal con un boss (el Bibliotecario), que me resultó especialmente duro. Pero los demás, cayeron en su mayoría a los pocos intentos. Pero, si has leído con calma hasta ahora, habrás entendido que la dificultad de Tunic no está en sus enemigos. Está en ti mismo, en que sepas interpretar el mundo y toda la info que se te proporciona.

El envoltorio es importante

Siempre que hago un análisis suelo dejar el plano técnico para el final porque entiendo que esto es algo más accesorio. Es importante, si, pero se entiende que debe ser un elemento al servicio del juego. Hay juegos que son pobres técnicamente pero mientras que el plano técnico no interfiera con la historia que se quiere contar, a mi personalmente no me molesta. Todo lo contrario, ya podemos tener la mejor historia, el mejor planteamiento que como el plano técnico no esté resuelto correctamente le resta muchos al juego (recientemente analizamos el juego Souldiers que, en su versión Switch, padecía este gran problema).

¿Por qué contaba este rollo? Porque Tunic tampoco es típico en este sentido. Y es que el plano técnico está integrado en la experiencia del juego. En concreto, su vista isométrica. No es casual la elección de esta perspectiva, es un elemento más de la jugabilidad, que obliga al jugador investigar cada esquina, cada recoveco, para encontrar huecos o zonas a primera vista no accesibles. Un elemento más a destacar en cómo este juego está pensado milimétricamente.

No se qué más contarte. La pena ha sido descubrir este juego un poco tarde. Pero este juego, casi un desconocido, me ha enganchado mucho más que otros con mucho más nombre y ruido mediático, hasta el punto de desear que no se acabe, exprimiendo toda la historia y todos los secretos que ofrece, deseando que la experiencia no acabe. Lamentablemente, no ha sido así. Me quedo con el recuerdo que dejan esas experiencias totalmente inesperadas, que suelen ser las más gratificantes.

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